Antes que nada estimados lectores (fantasmas de mi ego) no siento especial remordimiento hacia alguno de ustedes, sentí la necesidad de escribirles hace muchas noches, muchos días, pero me encontraba con que la noche se había perdido. No existe(n). Nada.
Mientras tanto, todas esas ideas, muy poco estructuradas, nada brillantes, poco más que piedra caliza, frágil cómo el corazón de un gorrión. La puntuación me falla, las comas me sobran; el punto y coma adorna, triste, versos un más tristes, tristes por no ser versos de verdad y estar en prosaica unidad, acentos mal usados tildan mis palabras y las llenan de rabia. Pero de eso muy poco importa. Importa lo que queda en los márgenes de la libreta a la que arrancaste todas las hojas (sí, tú único lector y fantasma). Lo que no dejaste que creciera, lo que segaste con la más cínica de las sonrisas, la que cegaste con la íntima ley de tu privacía.
I - Epicentro
Fisura de tus sienes, zurcando el cielo por la mañana
armando toda clase de recuerdos en tu bóveda.
Y cienes, con sus delgadas patas y gordas panzas desfilan a tu lado
blanden memorias cómo listones y celebran ayer.
Quiero que llegues ayer, es muy pronto, siempre estoy en mañana
un atardecer es poco menos de un instante; el cielo rosa
ahora todo tiembla, las nubes se arrebolan. Tu corazón estalla.
II - Crestas
Blancura total, en sus orejas, en sus piernas fuertes
van dominando toda la ola, hacia objetivos desconocidos
forman murallas que nadie atravesará, con aire salado respiran iracundos
Te hundes sobre las crestas de conejos que coronan las olas.
III - Jerónimo
Ciento veintisiete mil millones de kilómetros te separan del piso
9.86 metros sobre segundo y 75 kilos de peso
Lágrimas jamás lloradas te hacen perteneciente a otro mundo,
en dónde la gente salta sin paracaídas.
martes, 7 de febrero de 2012
viernes, 23 de diciembre de 2011
Cuento (pueril) de navidad.
“Dos semicírculos se unen en la igualdad sin tacha, se funden en un todo que las trasciende. Felices en su abrazo van dando vueltas, rueda que rueda hasta el gran cero absoluto.”
-José Emilio Pacheco
El mundo se ha dejado a si mismo; en un palmo de narices-José Emilio Pacheco
se ha olvidado de escribir en verso, estrofa y rima, ¡y qué decir de los cuartetos, octetos y métrica del poema!
hace que el punto y coma sean subliminales, el punto indiscreto y la coma una charada
el vertiginoso avance de los años convierte una siglo en un lustro, por lo que la Navidad (sí, con mayúscula) sea poco más que dudosas horas de puré de papa, pavo y cerdo sazonado con el groovy de supermercado.
Pero, por ahora, dejemos al mundo, más tarde podremos abrazarnos a él.
Amanecí con el rocío en los labios del pasto que crece salvaje, descontrolado y furibundo le gana la batalla al hormigón gris, frío e inerte, resquebraja la banqueta pintada de amarillo en su extremo y la tierra reclama su derecho de antigüedad. El roció continua al suéter de lana raída que un buen día de verano un ángel terrenal me regaló y los tres grados celsius de temperatura hacen mella en mi piel curtida por otros inviernos igual de crudos de los que la barba desaliñada puede dar cuenta perfectamente. Entre cartones viejos, un colchón mullido y el techo hecho del anverso del segundo piso del anillo de circunvalación despierto y me maravilla la mañana; cristalina y herida, se lame a si misma y el vaho que expulsa la tierra se consume en una especie de neblina. Es mañana de Navidad y casi no hay autos sobre la autopista, me recuerda a esos videos de animales, que cuando más solos están, cuando más excepcional les es la vida, más amenazados se sienten. Pero hoy la mayoría de los ejecutivos que montan sus delfines de acero están demasiado ocupados combatiendo la resaca que deja el alumbramiento de las buenas costumbres, la caridad, la moral y la bondad. Por otro lado, la niebla espesa es lo más parecido a una mañana de Navidad cómo en los cuentos que veía pasar por el televisor Philips con su cinescopio de cincuenta pulgadas. El silencio corta de tajo toda aspiración y me siento encerrado… ¿encerrado? yo el más libre de todos los hombres, no estoy atado por la camisa de lino y algodón, la corbata de poliestireno y los zapatos que maquiavélicamente hemos arrancado a las pieles de las reses, yo soy libre con mi suéter de lana desgastada por los años y mi taparrabos que algún día fuera la envidia de la cena de Navidad en el Holiday Inn, soy Robinson Crusoe, soy un ermitaño, soy el espíritu santo, libre y atrapado dentro de mi mismo. Pero ya no se me da pensar en eso, la vida de contemplación no admite la vanidad de la que pecan todos ellos. De la que sigo pecando, la que me hizo huir de aquél mundo.
Sobre la avenida, ataviada con un gorro tan rosa como sus mejillas, una bufanda que cubría su delicada esencia contenida en su cuello, y guantes aislantes del frío mundo, una muralla infinita y discreta dirigida hacia los dedos desnudos que la apresaban y hacían sentir un poco más de seguridad en esa mañana llena de estupor, caminaba una pareja, emulando al arroyo vial que todos los días cruza la ciudad de extremo a extremo iban en el más solemne de los silencios, inertes ante la felicidad de los demás, ellos sabían que era Navidad solo para quien quería que fuese navidad, para ellos solo era un veinticinco más, el último del año; año en que descubrieron una ventana más a sus almas. Era veinticinco y también hacía cuatro meses que había sido veinticinco, hacía un año que había sido veinticinco, y todos los números parecían un enorme ocho acostado en forma de infinito, dos círculos que se abrazarían eternamente tratando de encontrar un final que mientras más se acercaban, más se prolongaba, un par de círculos virtuosos solo formados cuando las perfectas circularidades individuales pueden acercarse tanto hasta llegar a fundirse. Ellos eran eso, la infinita paz, la verdadera navidad. Y la noche anterior, contrario a la costumbre (siempre son contrarios a las costumbres) habían cenado leche con chocolate, pan dulce y se habían acostado temprano, tal vez su inconsciente le ofreció un homenaje a la fe que llevan dentro y en sus sueños rezan dos aves maría y un padre nuestro (¿de todos?).
En su isla de hormigón, poco a poco vuelta a la tierra, Robinson voltea a ver a Viernes y a Wilson, ninguno de los dos se explica el increíble fenómeno logrado, entre todas las cavilaciones y alucinaciones, esto es lo único real que les había pasado; pero las alas, eso era lo único que no cuadraba.
Vestida de rojo hasta los tobillos, Marie hacía limpieza de la casa; José y sus amigos habían trasnochado bebiendo, comiendo y fumando cómo fariseos, pero así es la Noche Buena, tiempo de compartir con la familia, tiempo de alegría y de paz. Es cuando todos los esfuerzos anuales se traducen a un aguinaldo que a su vez se encripta en un “Paquete Navideño” formado por kilos de comida y litros de alcohol (por una vez destilados de calidad). Marie había pasado toda la víspera de navidad a la espera de un milagro cómo los que sucedían en Memphis, un copo de nieve cayendo en su nariz y su padre dando las gracias en la cena de navidad, ir a la iglesia por la noche y ser bendecido, y a la vez bendecir a los puritanos que la acompañaban, empezando por su madre, en cambio había tenido que soportar la debacle social de “mexiquito”, a dónde había venido a refugiarse después de su conversión al catolicismo, no hay mejor exponente que la virgen de Guadalupe, o pensándolo bien, con sus rasgos de irlandesa recatada bien pudo haber conseguido un apartamento a orillas del río Gave, en Lourdes, Francia. En cambio, estaba atrapada al lado del río Churubusco, dónde ecos de los días que no se nombran seguían presentes, pagando las cuentas navideñas, y recibiendo migas de amor. José apenas podía con la resaca que llevaba a cuestas, y abre una cerveza para desprenderse del pesado lastre.
De un momento a otro, la pareja había tenido una elipsis tremenda, habían olvidado el don de la palabra, era por eso la infinita calma en la que se encontraban, caminando sobre el asfalto desierto, también llevaban un lastre, era ese infinito amor que cubría sus espaldas y pechos, dispuesto a encontrar un alma precaria que cómo ellos no encontrara algún significado en el veinticinco de Diciembre. Hacía que le salieran alas de niebla al cruzar el anillo de Circunvalación, y a sus pies el río Churubusco, susurrante, entre tubos de cobre se los agradecía.
Robinson por fin había despegado el último pedazo de hormigón y descubrió la Tierra, olía a la humedad íntima que tanto conocía, y cada vez se acercaba más la profecía… sus pies se hundían esa mañana de veinticinco, ahora sabía que todo había valido la pena, dobles licenciaturas, economía, derecho, publicidad, era todo lo que necesitaba para gobernar su insular dominio, sabía que algún día volvería al Orinoco, porque a fin de cuentas yo soy Robinson Crusoe, maestro en economía e interpretado por Marx. A Robinson antes se le conocía cómo José.
En el Orinoco, todo era blanco, por primera vez nevaba dentro del trópico, y justamente la punta de la nariz, única parte descubierta por esa armadura de fieltro, lana y tela polar, caía el primer copo de nieve, diametralmente opuesto al corazón hirviente que la había transportado hasta allá, por el río congelado se acercaban a la isla de Robinson. El cero en unidad había triunfado de nuevo. La Navidad se había convertido en infinito. El amor había eternizado esos momentos.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Improvisación bajo el atardecer en tus labios (imaginario).
Cuatro por cuatro.
Un atardecer color rosa
anida entre mis cejas
la brisa susurra a mis orejas
lo que tu boca me ha dado en prosa.
Un te quiero es suficiente,
una hoja perenné lo constata
el otoño dorado y contingente
al corazón delata.
De lata la luna a medio cielo
anida entre mis cejas
la brisa susurra a mis orejas
lo que tu boca me ha dado en prosa.
Un te quiero es suficiente,
una hoja perenné lo constata
el otoño dorado y contingente
al corazón delata.
De lata la luna a medio cielo
media luna y otra mitad
anida en tu sonrisa que yo celo
bajo un velo de misterio y humildad.
En el manto astral y azul, fugurante y transparente
mi mirada se pierde, y busca la estrella
estrella perdida en el tiempo corriente
Y encontrada en el corazón de ella.
sábado, 8 de octubre de 2011
12:11 am
Noche cae sobre nosotros, sentimientos;
Problemas que unen a personas, tal vez sin darse cuenta.
La luna los acompaña, al sentirse unidos
En realidad dimensiones encontradas
¿Amor?
Muchas estrellas
Cada una representando
Emociones sin entender…
domingo, 2 de octubre de 2011
Fando y Lis
Cómo ecos lejanos de un pasado distante sus botas rumoraban lo que sabía pasaría después de ejecutada la orden, las piedras y las primeras hojas rendidas por el paso del tiempo se juntaban haciendo un cuadro equinoccial perfecto, por la mañana era verano y podía escucharse en el mismísimo día del presidente el fulgurante México que estaba naciendo; la hermosa ciudad que Dios nos había entregado por medio del partido de la revolución, eterno amante y celoso guardián del mito intocable de Madero, Obregón y Zapata Calles. Cada paso más firme que el anterior, y el viento incesante despeinaba el poco cabello que le quedaba, transitaba sin rumbo, pero sabía bien lo que buscaba, en un estado entre sopífero y abstracto logró sentarse en una banca de esas del gobierno de la Ciudad de México, verdes cómo la vida que se gestaba a su alrededor; vida que pronto cobraría sentido.
El hombre solitario parecía normal, uno más de los millones que habitaban la metrópoli dorada; podría responder al apellido Sánchez, al nombre Juan José o tal vez al de Fernando, no importaba mucho, y menos en la eterna búsqueda. Cuando atardecía, el otoño empezaba a asomarse entre las copas de los encinos que decoraban el fraccionamiento, mentían las hojas cafés resquebrajándose, nada había madurado, mentía el delicado viento que le acariciaba con amor las mejillas, el no merecía ser amado. A su lado, cómo lúgubre monumento imaginaba la composición siniestra de la patria mutilada, paralítica, postrada en un carrito de supermercado. Todo era tan surreal... "ayudarás en la vendimia y recogerás el escorpión que se oculta bajo la piedra blanca"
¡Cuba sí, yanquis no!... ...
¡Gobierno farsante, que matas estudiantes!... ... ¡Che, Che, Guevara, LEA, LEA a la chingada!
jueves, 1 de septiembre de 2011
Soñando patos en Chapultepec
Queridos lectores, para la siguiente entrada les emito una especie de recomendación, más bien una órden y una excepción en la dinámica del blog, esta entrada no es dirigida hacia ustedes con el propósito de generar una opinion. Esta vez es más simple, esta entrada es algo muy personal que quería escribir y así, y solo una persona en todo este maravilloso mundo lo podrá entender tal cuál, pues esta entrada es para ella, se llama Laura, cómo en muchas canciones, siempre había querido tener una Laura a la cuál cantarle, no me importa que lo sepan la verdad, mi vida ya es demasiado pública.
Así que siéntanse en libertad de odiarme, de creerse traicionados, o de seguir esperando mi siguiente entrada (: (pensé en insertar el salto de página aquí, pero no sería muy estético que digamos, así que usaré un recurso cómo medida de seguridad, y para no defraudar a nadie, les presento a Alonso Arreola, más tarde platicaremos de eso xD...
martes, 30 de agosto de 2011
Topus Uranus
He tenido una revelación señores. Cómo bien han de saber ustedes, tras una buena siesta reparadora, en ese preciso instante antes de estar completamente lúcido y cuando ya no estas dormido, sientes aquella aura que te incita a pensar y a romper la barrera de la conciencia, al menos así me pasa, y cómo soy una persona muy muy normal, esto se generaliza.
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