Queridos lectores, para la siguiente entrada les emito una especie de recomendación, más bien una órden y una excepción en la dinámica del blog, esta entrada no es dirigida hacia ustedes con el propósito de generar una opinion. Esta vez es más simple, esta entrada es algo muy personal que quería escribir y así, y solo una persona en todo este maravilloso mundo lo podrá entender tal cuál, pues esta entrada es para ella, se llama Laura, cómo en muchas canciones, siempre había querido tener una Laura a la cuál cantarle, no me importa que lo sepan la verdad, mi vida ya es demasiado pública.
Así que siéntanse en libertad de odiarme, de creerse traicionados, o de seguir esperando mi siguiente entrada (: (pensé en insertar el salto de página aquí, pero no sería muy estético que digamos, así que usaré un recurso cómo medida de seguridad, y para no defraudar a nadie, les presento a Alonso Arreola, más tarde platicaremos de eso xD...
Y bueno, para empezar un poco esta especie de epílogo del último cuento o inicio de la segunda parte intentaré resumir mi situación ¿vale?; Aleps, un buen tipo, con una vida bastante rara, ajetreada, azarosa y predeterminada a la vez (lo ven, muy contradictoria), y en los últimos meses yo me encontraba en ese momento de la vida de todo hombre que va a la deriva en medio del apacible mar, disfrutando de su soledad, de el sol, el mar y de él mismo, al mismo tiempo, un hombre a la deriva en el mar puede elegir si pescar, esperar que llueva maná del cielo, o tomar la salida fácil e ir al refrigerador de el bote... jajaja perdón, creo que me proyecté en una especie de sueño (: en fin, volviendo, aquél hombre sabe que se encuentra bien así, sanando sus heridas, convirtiéndose en un nuevo ser. Pero también está conciente de su tremenda soledad, de que si bien no es necesario tener a alguien a su lado para disfrutar de el mar; los atardeceres y las lunas se vuelven más hermosas cuando tienes un ser con quien compartirlos, cuándo sabes que hay una persona a la que en el fondo de tu corazón quieres regalarle ese sentimiento sublime que te provoca la belleza del mundo. Asímismo, el hombre que navega a la deriva tiene que estar conciente de que debido a la naturaleza de su viaje, no tiene la opción de dirigir su camino, (a veces pienso que ningún hombre puede elegir su camino completamente solo), ya saben, el destino, las corrientes marinas y las mareas lo llevan a distintas islas...
En el momento que los pies del hombre divagante tocan el primer grano de arena en aquella nueva playa, en donde siénte el contacto con su desnuda planta del pie y se cuela entre sus dedos, es dónde sabe que está vivo. Cuándo siento tu ser tan cerca del mio que se hacen uno solo, se cuela la arena hasta mi cuello.
Todo este rollo metafórico espero lo hayan entendido y así. (: de todos modos, te contaré otra historia: Una vez yo fui un pato, y deambulaba por Chapultepec, me mecia entre las aguas polutas y tan caractarísticas cómo las almas que las circundan, cuando me apetecía correspondía a las migajas de pan que los niños inquietos me ofrendaban, dormía en las copas de los oyameles extraños, de esos que te hablan acerca de cómo fueron creados ellos, y de cómo vieron nacer el mundo, me acompañaban los susurros de la noche y hacían que cayera en ese mundo onírico, amaba toda la vida bohemia que me ofrecía ese destino, pero mi corazón sabía que nada era real, nada de nadar al menos. Por eso cuando yo era un pato lo único que llenaba mi alma de una calidez inusitada era el ver a esos jóvenes tan felices, departiendo acerca de la vida, y sentir sus corazones palpitando, ellos vinieron un sábado por la tarde lo recuerdo muy bien, a la orilla del lago compartieron almas, cómo venían haciendo desde hacía tiempo, ese instinto tan primitivo y tan humano del que las aves hemos empezado a prescindir, ellos lo llaman cariño, y dicen que está en el corazón, me gustaría de verdad creerles. Los patos, tienen ciertas habilidades especiales, ellos no distinguen entre presente, pasado y futuro, solo viven lo que quieren !vaya buena vida ¿no?!. Así que cuándo fui pato pude ver esta hermosa escena, de dos almas que decidieron unirse, y a través de los ojos de pato, fusionarse. Por eso, cuándo yo era pato en Chapultepec, yo soñaba con esa escena todas las noches, encaramado en los oyameles; recurría al viaje onírico para volver a verlos, yo soñaba a esos corazones palpitar a la orilla del lago.
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